Es frecuente en nuestro país –y este no es una excepción– que las personas de edad avanzada se asomen a la ventana para airear sus alfombras. O ver cómo una alfombra colocada sobre la barandilla de la terraza es golpeada con el palo de una escoba o la mano. Y una leve cortina de polvo cayendo a la calle.

Todos estamos de acuerdo con que ese polvo, por llamarlo de alguna manera, hay que sacarlo del tejido, y que conviene mover las alfombras de tanto en tanto para que no se queden rígidas. Sin embargo, golpearlas en vertical no es la mejor idea si queremos que dure mucho tiempo en buenas condiciones.

Te explicamos por qué, y te damos alternativas.

¿Qué se esconde dentro de las alfombras y por qué hay que sacudirlas?

Las alfombras son imanes para la suciedad. Todo tipo de suciedad, desde las partículas de polvo que entran de la calle cuando ventilamos, a la piel que mudamos a diario de manera constante.

Junto con ello están los restos de comida, microgotas, ácaros, pelos, restos de tejidos, microfibras… todo lo que cae sobre ellas se mantiene unos días en la superficie, pero va penetrando poco a poco hasta el interior de la alfombra, de donde es más difícil sacarlo.

Por mucho que limpiemos la casa, conseguir un ambiente completamente aséptico es imposible (y además no es sano). Sin embargo, hay un saludable punto medio entre la limpieza extrema y la dejadez en la higiene. Y ese punto es un equilibrio entre aspirar y sacudir la alfombra.

Ya te lo contábamos en este blog, pero te recordamos que es necesario aspirar la alfombra con frecuencia, y que de lo contrario nos veremos obligados a sacudirla. Esto hace sufrir a los tejidos de la alfombra.

¿Qué le pasa a la alfombra cuando se la sacude?

Las alfombras están fabricadas de diferentes tejidos que, aunque no entran dentro del grupo de tejidos delicados como la seda, conviene tratar con cuidado si queremos conservarlos como nuevos. Y si es posible sin demasiados golpes o estiramientos.

Estos tejidos están formados por miles de pequeñas fibras de material natural, con sus imperfecciones propias. Y que ante golpes y tirones pueden romperse o formar nudos imposibles de deshacer.

Cuando colocamos una alfombra en vertical, aunque no lo sepamos, estamos estirándola con su propio peso. Esto es muy relevante para aquellas alfombras grandes o muy gruesas, cuyo peso propio podría crear carreras o rotos. Pequeños al principio, pero que pueden desarrollar desgarrones visibles a largo plazo.

Si además la golpeamos de manera brusca estamos acentuando los tirones, estirando parte del tejido y comprimiendo otras zonas. Estas tienden a formar nudos que pueden hacer que a la larga la alfombra se quede pequeña. Algo parecido ocurre cuando usamos la lavadora para lavar tejidos naturales.

Pero que el lector no se asuste, porque tenemos algunos consejos para sacudir la alfombra sin causar roturas para cuando necesitemos hacerlo.

Cómo y cuándo sacudir la alfombra para que no sufra

Lo primero que tenemos que tener presente al sacudir una alfombra es el material del que está hecho, su peso, y sus dimensiones. No es lo mismo una densa alfombra tupida de lana (propensa a los nudos) que una alfombra pequeña tejida mediante la técnica del Patchwork (más débil en las costuras entre piezas).

Sin embargo, hay consejos generales aplicables a todos los tipos de tejido y formas:

Mantener la alfombra lisa y sin arrugas

Siempre que sea posible, sacudiremos con la alfombra lisa y no arrugada. Un tendedero (o tenderete) de ropa plegable puede ser la opción ideal. Con este utensilio podemos colocar la alfombra en horizontal incluso aunque esta sea grande (por tramos), e ir sacudiendo poco a poco la alfombra sin miedo a que la suciedad caiga de nuevo sobre ella y sin rasgar las fibras.

Evitar objetos duros, rígidos y finos

Cuando golpeamos una alfombra deberíamos evitar a toda costa objetos duros, rígidos y finos tales como el palo metálico o de madera de una escoba. Esto es para evitar grandes tensiones sobre la alfombra, que se acentúan y concentran en objetos de esas características.

En su lugar deberíamos usar sacudidores (que para eso están) a ser posible anchos y flexibles. Los de trenzado de esparto, aunque más difíciles de encontrar que los de plástico, tratarán mejor la alfombra. La alternativa, si no tenemos ninguno, es usar las manos.

Dar la vuelta a la alfombra varias veces

Debemos sacudir la alfombra primero de un lado y luego del otro, y si vamos bien de tiempo repetir. Así nos aseguramos de que la suciedad incrustada ha salido de la alfombra.

Cuando las alfombras se colocan en vertical para sacudirlas ocurre que el polvo sale igual por ambos lados (pero el material sufre y parte de la suciedad vuelve a la alfombra). Al poner la alfombra en horizontal, ocurre que solo una de las caras libera la suciedad, siendo aconsejable darla la vuelta y repetir el proceso.

Sacudir no es airear

Esto es crucial, ya que muchos pensamos que cuando hace mucho tiempo que no hemos aspirado la alfombra basta con airearla cogiéndola de dos esquinas y formando olas en el aire con ella. Esto solo retira parte de la suciedad superficial, pero todavía quedará mucha dentro.

Aunque airear no es sacudir, sí que ayuda que tras la sacudida de un lado (y antes de sacudir el siguiente) la aireemos. Así nos aseguramos de que la suciedad que salió de la alfombra termina finalmente en el suelo.

Sacudir en seco

Cuando una alfombra está mojada o húmeda pesa mucho más, y además es más fácil que la suciedad quede pegada a ella o que rompamos sus fibras. Cuando colgamos una alfombra húmeda ya la cargamos con demasiado peso como para encima andar golpeándola. Por eso siempre hay que sacudir la alfombra en seco.

 

Las alfombras son un tipo de tejido que, como las cortinas o la colcha sobre la cama, suelen pasar desapercibidos en las limpiezas semanales. Sin embargo, es aconsejable evitar en la medida de lo posible sacudirlas. Por eso recomendamos aspirarlas cada poco tiempo en lugar de tener que sacudirlas en las limpiezas generales.

Asimismo, recomendamos sacudirlas si ha pasado mucho tiempo sin pasar la aspiradora, lavarlas si hace mucho que no las sacudimos, o pasar por un tinte si vemos que somos incapaces de lavarlas por nuestra cuenta.
Imágenes | framepool.com, HG-Fotografie, Hans Braxmeier, Сергей, EducaMadrid

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